14/08/2015

Vidago Palace, el hotel portugués que resurgió de las cenizas

Quiso la historia de este lujoso inmueble del norte de Portugal que sus instalaciones no fueran disfrutadas por aquellos que encargaron su construcción. Fue el monarca Carlos I de Portugal el que, aprovechando las extraordinarias condiciones de las aguas minerales de la parroquia de Vidago, situada en el municipio de Chaves, puso en marcha la edificación de la que sería la próxima residencia veraniega de su familia. Tras el asesinato del rey, su hijo y sucesor Manuel II continuó con los planes que había establecido su progenitor pero, al igual que este, no logró ocupar el palacio diseñado por el arquitecto José Ferreira da Costa que, casualmente, fue inaugurado coincidiendo con la proclamación de la primera República de Portugal, en el año 1910. Tras su apertura, el complejo se destinó a usos hoteleros y sus principales clientes fueron los miembros de la aristocracia europea, que se alojaban en él atraídos por las beneficiosas propiedades para la salud que sus aguas poseían.

Tras una etapa de bonanza en la posguerra, el hotel cerró sus puertas en el año 2006 y no las volvió a abrir de nuevo hasta el 6 de octubre de 2010, coincidiendo con la celebración de su centenario. El grupo de bebidas portugués Unicer fue el encargado de aportar la inversión necesaria para rehabilitar el complejo manteniendo la sofisticación y el encanto del edificio original y, al mismo tiempo,  añadiendo todos los lujos necesarios para un hotel de cinco estrellas del siglo XXI. Fue tan acertada la restauración llevada a cabo por los diseñadores José Pedro Lopes y Diego Rosa que el Vidago Palace cuenta a día de hoy con el honor de pertenecer al sello de Leading Hostels of the World, en el cual únicamente se incluyen aquellos alojamientos que cumplan con unos estándares de excelencia estipulados.

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Majestuosidad en el exterior

Un frondoso bosque de secuoyas, camelios y magnolios centenarios conduce hacia la entrada principal del hotel, que cuenta en sus inmediaciones con fuentes de agua medicinal parcialmente ocultas en pequeños palacetes de estilo Art Nouveau. La imponente fachada del Vidago Palace, repleta de balcones y terrazas situadas frente a un pequeño lago, ya nos pone en antecedentes sobre lo que veremos en las estancias interiores.

Otro de los reclamos exteriores de esta nueva época del Vidago Palace, además de su impresionante piscina, es el campo de golf que ha sido ampliado de los 9 hoyos que tenía en su diseño original del año 1936, realizado por el arquitecto escocés Philip Mackenzie Ross, a los 18 hoyos actuales que lo sitúan entre los mejores del país luso.

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Heterogeneidad en el interior

La mezcla entre tradición y modernidad es un criterio que se aplica a cada una de las 70 habitaciones del hotel, de las que 4 son suites. En todas ellas se percibe el extremo cuidado que se ha brindado a la decoración, combinando muebles de época con detalles de diseño moderno, ambos estilos conectados por una paleta de colores que abarca desde los tonos pastel hasta las tonalidades más fuertes como el azul noche. En los amplios cuartos de baño se ha logrado reproducir la apariencia original por medio de la incorporación de piezas de estilo vintage sin descuidar en ningún momento la tecnología necesaria para el correcto funcionamiento de cada uno de los servicios.

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El glamour característico de la Belle Époque puede apreciarse en su totalidad en cada uno de los amplios salones con los que cuentan los cuatro restaurantes del complejo. En ellos es donde mejor se percibe el carácter palaciego presente en el diseño original del Vidago Palace. Además de degustar platos de la más alta calidad en sus restaurantes, el hotel ofrece la posibilidad de probar el vino de exportación más famoso de la región en su bodega, ubicada en la planta baja.

Al contrario que el resto del palacio, decorado con un estilo basado en el Art Nouveau, su spa de 2.000 metros cuadrados —obra del arquitecto Álvaro Siza Viera— , ubicado en un edificio independiente, cuenta con un diseño minimalista con un predominio del color blanco y amplios ventanales que aportan luminosidad y ayudan a los huéspedes a relajarse en sus codiciadas aguas o recibiendo un tratamiento de belleza en alguna de sus veinte salas. El spa consta de tres piscinas, una de ellas interior y otra para niños

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