13/11/2017

Un paseo a través del arte románico portugués

Cerca de sesenta monumentos entre los que se encuentran castillos, monasterios y puentes, conforman la ruta del románico portugués. El norte del país vecino está poblado de vestigios medievales que conviven, en muchos casos, con huellas procedentes de épocas más tardías, formando uno de los emblemas patrimoniales más reconocibles de Portugal. La peculiaridad de este estilo arquitectónico reside en su ornamentación, presidida por motivos geométricos, vegetales y animales, y de una gran calidad escultórica.

A lo largo de los valles del Sousa, el Támega y el Duero, es posible realizar un recorrido a través de los orígenes del país. En algunas de las construcciones del románico portugués residían familias nobles que ayudaron a los primeros monarcas en la Reconquista. Otras, pertenecían a las órdenes religiosas y el clero, que aglutinaban poder político, económico y espiritual y ayudaban al asentamiento de las poblaciones.

Ruta del Valle del Sousa

En esta ruta encontramos 19 monumentos, entre los que se encuentra el Monasterio de Santa Maria de Pombeiro, situado en la municipalidad de Felgueiras, en Porto. Se trata de uno de los monasterios benedictinos más significativo entre las zonas de Duero y Miño. La construcción del templo se terminó aproximadamente en las primeras décadas del siglo XIII y, pesar de haber estado sometido a dos reformas durante los siglos XVII y XIX, todavía conserva elementos originales como los característicos capiteles de su fachada principal.

Otro de los testimonios del románico en Sousa lo constituye la Iglesia del Monasterio de San Pedro de Ferreira, del siglo X. Esta construcción posee una gran calidad y variedad decorativa. Muestra de ello son las influencias que algunas de sus esculturas tienen del arte almohade, utilizado en la construcción de otros monumentos como la Giralda de Sevilla. Una de sus particularidades es que conserva, ante su fachada principal, las ruinas de una anteiglesia de función funeraria, una construcción característica de algunas de las iglesias del románico portugués.

Iglesia de San Pedro de Ferreira

Ruta del Valle del Támega

Si existe una población que congregue un mayor número de vestigios del románico, esa es Amarante, perteneciente al distrito de Porto. En ella, se encuentra el Monasterio del Salvador Travanca, fundado en el siglo XII y que cuenta con una de las más bellas torres medievales del país vecino. El exterior presenta una estructura impresionante, dividida en tres naves. La ornamentación se caracteriza por piedras salientes de apoyo de forma bóvido y arquivoltas en las que se representan aves, serpientes y figuras humanas. El interior se caracteriza por un eclecticismo artístico, con influencias de diferentes épocas. Así, la sacristía, posee un espíritu barroco en las pinturas del techo, fruto de las reformas iniciadas en la Época Moderna.

Otro de los tesoros de Amarante es el Castillo de Arnoia. Calificado como Monumento Nacional desde el año 1946, su estructura se divide en cuatro elementos defensivos: la torre de homenaje, el torreón cuadrangular, una puerta y la cisterna. La construcción de este castillo está enmarcada en el movimiento de fortificación que se desarrolló entre los siglos X y XII, cuando el territorio europeo comenzó a tomar conciencia de la necesidad de defender a las poblaciones locales contra los ataques enemigos.

castillo de Arnoia

Ruta del Valle del Duero

En este tramo de la ruta se ubica el Monasterio de San Andrés de Ancede, situado dentro del distrito de Oporto y declarado Monumento de Interés Público.
Su edificación se remonta al siglo XII y, a lo largo de varios siglos, gozó de un relevante patrimonio vinculado a la producción vinícola, algo que incrementó el poder económico con el que contaba. Su iglesia medieval fue destruida en el siglo XVI, cuando el monasterio pasó a manos de los dominicanos. En ese momento, se construyó el actual templo de tres naves, que conjuga elementos románicos, como el rosetón o las paredes de la cabecera, con pinturas del siglo XVI al XVIII.

Otro de los Monumentos de Interés Público del Valle del Duero es la Capilla de Nuestra Señora de la Liberación de Fandinhães. La actual construcción es lo que queda de la iglesia parroquial de San Martín, un enigmático templo en ruinas fruto de lo que algunos atribuyen a un desmantelamiento y otros a una estructura incompleta.

monasterio de Ancede