25/09/2015

Los santuarios con más magia de Galicia

La religión es uno de los elementos de la cultura gallega que dispone de un mayor vínculo con la tradición oral de esta tierra. Lejos de limitarse a los testimonios escritos, la mayoría de las leyendas místicas de las que aun hoy queda constancia en Galicia, han pervivido gracias a su transmisión de generación en generación. La riqueza del patrimonio arquitectónico de nuestro territorio está fuertemente ligada a miles de fábulas que giran en torno a sus orígenes o a los milagros acaecidos en determinadas casas, camposantos o templos. En esta ocasión nos centraremos en estas últimas construcciones eclesiásticas para mostraros aquellas con una mayor trascendencia en el imaginario colectivo de la Galicia ‘meiga’.

San Andrés de Teixido

No podemos hablar de santuarios mágicos sin mencionar el de esta pequeña parroquia de Cedeira. El santuario de San Andrés es el núcleo de multitud de leyendas que giran en torno al pintoresco lugar en el que se ubica. La más famosa cuenta que al templo del apóstol “irá de muerto quien no fue de vivo”, aunque quien vaya de muerto lo hará como alma en pena o bien reencarnado en algún insecto o reptil. Así se lo habría prometido Jesucristo a Andrés después de que este último le confesara la tristeza que le producía la escasez de devotos provocada por el aislamiento geográfico de su templo. El agua y las piedras, elementos característicos del lugar, están también arraigados a la antología de cuentos populares que a lo largo de los años ha ido dando forma a uno de los rincones más místicos de toda Galicia. Así, el agua que brota de la fuente de los Tres Caños de San Andrés de Teixido, les desvela a los romeros si el santo será benevolente con sus peticiones o no dependiendo de si la miga de pan que han de arrojar flota –una señal positiva– o se hunde. Las piedras, según reza la leyenda, cobrarán vida en el Juicio Final y actuarán a modo de testigos que certificarán la llegada al templo de los peregrinos que las porten durante todo su periplo.

san andrés

Ermita de Santiaguiño do Monte

Situada en un frondoso entorno vegetal de la localidad coruñesa de Padrón, esta pequeña iglesia esconde una leyenda que la relaciona con el Apóstol Santiago. Al parecer, a Santiago, a quien ya se le habían acabado las fuerzas tras muchos años de evangelización en vano se le apareció la Virgen María en el Monte con el objetivo de darle ánimos. Tras este acontecimiento, el lugar exacto en el que se ubica el templo fue elegido por el santo como el último punto geográfico en el que predicaría a los paganos antes de poner rumbo a Palestina, donde más tarde sería asesinado por orden del rey Herodes Agripa I. Según cuenta la historia, Santiago, en un intento por demostrar el poder de Dios a una pagana, batió su bordón contra una roca haciendo emanar agua de la misma y, desde aquel entonces, las piedras que rodean a la ermita y las aguas que emanan de su fuente son consideradas milagrosas.

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Santuario da Virxe da Barca

El Apóstol Santiago protagoniza también la leyenda detrás del Santuario da Virxe da Barca, situado en Muxía, una de las localidades más célebres de la Costa da Morte. En esta ocasión, se nos dice que el santo fue salvado de un inminente ahogamiento en las bravas aguas del lugar por parte de la Virgen María, quien llegó sobre una barca de piedra no sólo con el objetivo de socorrerlo, sino también para indicarle que sus predicaciones habían surtido efecto entre los habitantes de aquella zona. Es entonces cuando el Apóstol, en señal de agradecimiento, levanta un altar sobre los restos pétreos de la barca, que en la actualidad son su gran atractivo: la Piedra de Abalar –que era la base de la barca y se le atribuye el poder de presagiar desgracias o probar la culpabilidad o inocencia de las personas–, la Piedra de los Riñones –la vela de la barca que cuenta con propiedades curativas– y la Piedra del Timón –el mando de la barca–.

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Ermita de Chamorro

El monte de Ferrol en el que se encuentra esta ermita ha sido lugar de culto desde la Prehistoria, y así lo atestiguaron los restos de petroglifos encontrados en el lugar. Fue en el siglo XVI cuando se construyó un templo dedicado a la conocida como Virgen del Nordés. Pero, ¿qué fue lo que mudó la denominación con la que se conocía a dicha Virgen? Pues bien, en torno a esta cuestión gira la historia que erigió a Chamorro como el lugar de peregrinación de todos los vecinos cristianos de la ciudad departamental. Según la leyenda, en el siglo XVII un pescador ferrolano se encontraba faenando cuando le sobrevino una tormenta que embraveció el mar. El hombre, desesperado ante una muerte segura, pidió ayuda a la Virgen gritando la frase “¡xa morro!” –“¡ya me muero!”, en castellano–, y la santa acudió a sus ruegos impidiendo que se ahogase. La noticia llegó a oídos de los demás habitantes de Ferrol, quienes, a partir de ese momento comenzaron a conocer a la Virgen del Nordés como “Virxe de Xa Morro”, lo que derivó en el actual topónimo de Chamorro. Todos los años, el lunes que sigue al Domingo de Pascua, cientos de ferrolanos rinden homenaje a su legendaria patrona subiendo a la ermita andando y, en muchas ocasiones, de rodillas.

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Santuario de O Corpiño

Este lugar sagrado situado en Lalín, en la provincia de Pontevedra, recibe a multitud de devotos todos los días 23 y 24 de junio de cada año. El motivo no es otro que una creencia popular que otorga a la conocida como Virxe de O Corpiño una serie de poderes entre los que destaca el de purificar y liberar a cualquier devoto de un embrujamiento o problema psicológico. La leyenda del santuario se remonta al siglo VII, cuando el cuerpo de un santo ermitaño devoto de la Virgen María fue hallado incorrupto en los alrededores de la cueva en la vivía, al norte del río Deza. Los vecinos del lugar construyeron en su honor una pequeña capilla dedicada a la Virgen María, de la que el protagonista era devoto, y a la que bautizaron como “o corpiño” en referencia al hallazgo de sus restos mortales. Al producirse la invasión de las tropas de Almanzor, los cristianos se vieron obligados a huir de la zona, quedando el templo completamente destruido. Fue cinco siglos después, en el XII, cuando dos niños que se fueron a cobijar de una gran tormenta a las ruinas del antiguo santuario, pudieron presenciar una aparición de la Virgen que se repetiría en momentos sucesivos acompañada de grandes destellos de luz para sorpresa de todos los vecinos. Debido a la sensación de bienestar que producía la presencia de la santa en todos aquellos que acudían a su encuentro, se expandió la idea de que su poder se centraba en curar todo tipo de dolencias, en especial aquellas que afectaban a la mente.

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