01/09/2015

Cantabria, cuna del patrimonio prehistórico peninsular

Si por algo se caracteriza la España Verde –Galicia, Asturias, País Vasco y Cantabria– es por la fuerte presencia de manifestaciones culturales de una gran relevancia histórica en sus diferentes territorios. El norte de España atesora algunas de las muestras artísticas más importantes de todo el país, y Cantabria, con su célebre cueva de Altamira es uno de los mejores exponentes de esta riqueza patrimonial.

La cueva de Altamira fue descubierta en 1868 por un cazador llamado Modesto Cubillas quien, en el momento en el que trataba de sacar a su perro de entre unas rocas en las que se había quedado atrapado mientras perseguía a una presa, encontró la entrada de la que se convertiría en una de las grutas más importantes del mundo. Su descubrimiento científico se debe a Marcelino Sanz de Sautuola, investigador naturalista y mecenas del municipio de Santillana del Mar, donde se encuentra la cueva. Marcelino, gran aficionado a las Ciencias Naturales, la Arqueología y la Historia, está considerado como uno de los pioneros de la Ciencia Prehistórica en España.

Curiosamente, fue la hija del propio Sanz de Sautuola, María, la que, mientras acompañaba a su padre en una de sus investigaciones sobre la cueva en el año 1879, miró al techo y descubrió con gran sorpresa el impresionante Panel de Policromos, en el que se podían ver, sobresaliendo de la bóveda de la cueva, representaciones de bisontes, caballos y una cierva de gran tamaño. Un año después, en 1880, Marcelino dio a conocer los resultados de sus investigaciones, dando lugar a una polémica en relación con la autenticidad de las pinturas dado que el realismo de las escenas representadas podía dar lugar a cuestionamientos sobre su procedencia histórica real. El hallazgo de nuevos conjuntos rupestres en Francia, a finales del s. XIX, provocó que la cueva fuese reconocida oficialmente por la comunidad científica. Su reconocimiento como una obra artística realizada por hombres y mujeres del Paleolítico dio lugar a un largo proceso en el que se originaron los actuales estudios sobre la Prehistoria.

Reproduction_cave_of_Altamira_01

Ahora que sabemos la historia de la cueva de Altamira, sería pertinente explicar dónde reside su relevancia histórica. Comenzaremos por citar la definición que el escultor inglés Henry Moore acuñó para el hallazgo en el año 1934. Según el artista, la cavidad natural más famosa del país es la “Real Academia de la Pintura Rupestre”. Lo que diferencia a esta gruta con respecto a otras es el hecho de haber sido, en el momento de su descubrimiento, el primer conjunto pictórico prehistórico de gran extensión conocido. Fue pintada durante la Edad de Piedra, en concreto en el Paleolítico Superior. Las investigaciones realizadas a lo largo de los años concluyeron que había comenzado a habitarse hace 35.000 años y, durante milenios, diversos artistas que vivieron allí dentro fueron decorando sus techos y paredes. El derrumbe de su entrada se produjo hace 13.000 años y, desde ese momento hasta el día de su descubrimiento, nadie volvió a entrar en ella, algo que influyó en el buen estado y la conservación de las muestras pictóricas. Todo ello llevó a que la Unesco reconociese la cueva como Patrimonio de la Humanidad en el año 1985, una denominación en la que se incluyeron, en el 2008, otras 17 cuevas del norte de España, bajo el nombre de «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España».

En la actualidad, la cueva está gestionada por el Museo de Altamira desde el que se difunde el crucial papel que su descubrimiento y posterior estudio jugaron en la cultura española, y más especial  en la cántabra. El Museo, además de una gran variedad de actividades que van desde las exposiciones temporales hasta los talleres de Prehistoria para los más pequeños de la casa, ofrece a sus visitantes la posibilidad de sumergirse en un entorno natural único.

Museo_de_Altamira

Rodeando al edificio principal, se encuentra un paisaje que recrea el entorno natural en el que vivían nuestros antepasados durante el Paleolítico superior, con especies propias de la época como los fresnos o los robles. Caminando un poco más, se puede divisar el espectacular relevo montañoso que forman la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa. La historia y la belleza natural y arquitectónica se conjugan en un marco incomparable cuyos orígenes y valor patrimonial traspasan fronteras.

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